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13 MARZO 2001
Ernesto de Hannover, descendiente directo de la Familia Real británica -su tatarabuelo era Ernest August, hermano de los reyes Jorge IV y Guillermo IV-, podría ser actualmente Rey de Inglaterra. Sin embargo, en su camino hacia el Trono de Inglaterra, se interpuso una pequeña niña llamada Victoria. Una niña, no obstante, muy poderosa, y de férrea mano, que convirtió Inglaterra en un vasto imperio.
Pero aun sin ser Rey, Ernesto de Hannover, emparentado con las principales Casas Reales europeas, conserva el linaje de su apellido -ostenta el título de Príncipe de Hannover, duque de Brunswick y Luneburg- y es, además, propietario de un importante patrimonio inmobiliario: el castillo de Lamu, en Kenia, situado sobre las aguas del océano Índico; Le Manoir du Mee, a 40 kilómetros de París; el palacio de Auerlach/Grunau, próximo al pueblo de Gmünden, Austria; la mansión de Calenberg, la residencia favorita de Ernesto y que figura como su domicilio oficial, en Alemania, y el castillo de Marienbourg, una verdadera joya, situada a 35 kilómetros de la ciudad de Hannover, donde el Príncipe presentó a Carlota Casiraghi en sociedad con una gran fiesta.
Ernesto como 'soberano' inglés
Retomando el hilo de la historia, no sería descabellado decir que si, en lugar de Victoria de Inglaterra, hubiera ascendido al trono su tío Ernest August, hijo del rey Jorge II, hoy no estaríamos hablando de Isabel II como la actual Reina de Inglaterra o del príncipe Carlos como futuro Rey. Sería Ernesto de Hannover, marido de la princesa Carolina de Mónaco, el que actualmente regiría el destino de Reino Unido.
Pero cómo imaginar Inglaterra sin la intervención de la reina Victoria, verdadera artífice de la grandiosidad y expansión inglesa en el siglo XIX. Cómo olvidarse de 64 años –los que permaneció en el Trono- durante los cuales consolidó la Monarquía inglesa y extendió sus dominios por tres cuartas partes del planeta. Gestas que, sin lugar a dudas, cambiaron el curso de la historia.
Los Hannover en la monarquía inglesa
La dinastía de los Hannover se implanta en la Monarquía inglesa con Jorge I, un Rey despótico que encarceló a su esposa e intrigó contra su hijo, Jorge II, Príncipe de Gales, quien, finalmente, accedió al trono a los 60 años. Un Rey al que sucedió su nieto, Jorge III, no sin que aquel condujera, antes, a Inglaterra a una época de esplendor tecnológico y económico que no volvería a reproducirse hasta la era victoriana.
Jorge III, que perdió la razón en varias ocasiones y murió enajenado en 1820, fue sucedido a su vez, por sus hijos Jorge IV y Guillermo IV.
Sin descendientes directos a la vista y habiendo fallecido Eduardo de Inglaterra, duque de Kent, y tercer hijo de Jorge III, se vio en la obligación de asumir las responsabilidades de la Corona la única nieta de éste, la reina Victoria.
Ernest August –duque de Cumberland y cuarto hijo de Jorge III- nunca pudo llegar al ansiado Trono porque su sobrina sorteó la mortandad infantil, tan habitual en aquella época, y se convirtió en la soberana más longeva de la historia de Inglaterra. Podemos concluir por lo tanto que si Ernst Hannover -tatarabuelo de Ernesto de Hannover- se hubiera convertido en Rey de Inglaterra, muy probablemente, más de un siglo después, lo hubiera hecho también Ernesto de Hannover.
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