22 MAYO 2004
No pudo ser. La capital de España no agasajó a sus reales invitados con el azul intenso de su cielo. La ciudad se despertó, tras una noche de lluvias, nublada y amenazante. Pero nada amedrentó a los miles de madrileños y visitantes que desde la madrugada, en muchos casos, se agolparon por los alrededores de la catedral de La Almudena y el Palacio Real. Muchos sabían que esta boda, la primera de un Príncipe de Asturias en Madrid desde hace casi un siglo, se convertiría en un acontecimiento único seguido por millones de espectadores en todo el mundo.
Doce grados y amenaza de lluvia
Para ser veintidós de mayo, la temperatura primaveral parece haberse alejado de la capital de España. Doce grados marcaban los termómetros de la ciudad. Pero lo peor era la amenaza de lluvia. Conocidos meteorólogos del país se aventuraban a asegurar que no caería lluvia torrencial, pero que nadie podía asegurar que una suave lluvia no acompañara al cortejo nupcial en su recorrido hacia la catedral.
Los madrileños volcados en la boda
En la última semana, los madrileños se han volcado con los preparativos de la boda. Sin ir más lejos, el viernes por la noche las autoridades decidieron suspender la espectacular iluminación de algunos de los monumentos más emblemáticos de la ciudad, por el colapso que había sufrido el centro de Madrid noches anteriores. Todos querían disfrutar del engalanamiento de su ciudad; sin embargo, por cuestiones de seguridad las autoridades optaron por suspender esta bella iniciativa.
A la espera de la imagen
Los alrededores de La Almudena se llenaron de curiosos desde la madrugada. Las banderas ondeaban... y la expectación aumentaba minuto a minuto. Desde las nueve de la mañana, los invitados comenzaron a acceder a La Almudena siguiendo estrictamente las normas de etiqueta que se habían señalado en las invitaciones: trajes cortos para las mujeres y chaqué para los caballeros.
Aún no se ve a los ciudadanos que quieren dar su último adiós de soltero al Príncipe de Asturias, batir los más de 180.000 abanicos que el Ayuntamiento de Madrid ha distribuido entre los curiosos. La temperatura, por desgracia, no acompaña.
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