5 MARZO 2004
El Príncipe de Asturias, Felipe de Borbón, y su prometida, Letizia Ortiz, acudieron a las diez de esta mañana a la Iglesia de Jesús de Medinaceli para venerar la imagen del santo el primer viernes de marzo, tal y como manda la real e histórica tradición desde hace 300 años.
A su llegada, la pareja, que asistía en representación de la Familia Real, fue recibida por el párroco, Luis Félix Luis, y por el vicario provincial, José Luis Aparicio. También, aunque ya en el interior por el cardenal Rouco Varela, el arzobispo que les casará el próximo 22 de mayo en la Catedral de La Almudena.
Besaron los pies del Cristo
Su Alteza Real y doña Letizia Ortiz besaron los pies del Cristo y rezaron por espacio de unos 15 minutos ante la imagen para, seguidamente, dirigirse a la Sacristía y saludar a los miembros de los Hermanos Franciscanos Capuchinos de Madrid, la Congregación que gobierna la basílica.
El Príncipe de Asturias y su prometida abandonaron la iglesia hacia las 10.20 horas y fueron recibidos a la salida del templo, para sorpresa de la novia, por una multitud de personas que reclamaban su atención al grito de “guapos, guapos”.
doña Letizia recibió su primer gran baño de multitudes (miles de devotos guardaban cola para venerar al Cristo) y saludó (dejándose coger de las dos manos a la vez) a un buen número de personas que la hicieron sentir, con sus felicitaciones y piropos, como una auténtica princesa en prácticas.
Una futura princesa que ha podido pasar de la teoría a la práctica esta misma mañana cuando recibió el que podría calificarse como su primer gran baño de multitudes. Un encuentro no preparado, aunque sí muy emotivo, al que respondió con una enorme sonrisa, alguna palabra de agradecimiento y una actitud bondadosa para todos los que tiraban de su mano. Como si quisiera saludar, uno por uno, a todos los presentes, mientras el Príncipe con la mirada, parecía decirle: “vamos, que es tarde”.
El Cristo de Medinaceli es una hermosa talla del siglo XVII, de la Escuela Sevillana, que fue llevada por los Capuchinos a Marruecos para culto de los soldados españoles.
En abril de 1681 la imagen fue capturada por un grupo de árabes que la arrastraron por la calles de Mequinez, y fue rescatada por los Trinitarios, llegando a Madrid en el verano de 1682. Ese mismo año se organizó la primera procesión a la que asistieron todos los ciudadanos de Madrid, incluida la aristocracia y la Familia Real. Desde entonces, hace más de tres siglos, todos los años es visitado el primer Viernes de Cuaresma por algún miembro de la Casa Real española.
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