¿Quieres disfrutar de la temporada de esquí sin riesgos?
Toma nota de nuestros consejos para aprovechar al máximo la nieve sin ningún percance
Hay que cuidar y preparar el material con mimo (botas, fijaciones, bastones...), pues de él dependen muchas veces accidentes o lesiones.
Los primeros días del año marcan para muchas personas una cita con los deportes de nieve. Pasadas las celebraciones navideñas –y a la espera de la llegada de los Reyes- no son pocos los que aprovechan para hacer una escapada a las estaciones de alta montaña para practicar su deporte favorito. Pero, si quieres empezar el año con buen pie, no tienes que olvidar una serie de recomendaciones para disfrutar sin ningún riesgo.
El esquí alpino, para quienes lo practican, es un deporte muy deseado, ya que son pocos los meses del año en los que sus aficionados pueden realizarlo; pero por fin ha llegado la temporada y los apasionados de la nieve están ahora disfrutando de su mejor momento. Cada día hay más personas que lo practican y, aunque la gran mayoría son jóvenes, se trata de un deporte que se puede realizar a cualquier edad. Pero antes de comenzar el descenso, hay que recordar que el esquí tiene un alto riesgo de generar lesiones.
Muchas de las personas que esquían tienen una forma física aceptable, pero no siempre hacen ejercicio de forma habitual y se preparan adecuadamente para el inicio de la temporada. Empezar a esquiar sin preparación previa nos expone a padecer lesiones óseas, musculares y articulares, que luego precisan de un prolongado tratamiento y no están exentas de secuelas posteriores. Es necesaria la mentalización del esquiador antes de iniciar la temporada y es muy conveniente que practiquen ejercicios adecuados para desentumecer los músculos y las articulaciones y poder así enfrentarse con garantías a la montaña y disfrutar de su afición.
Antes de comenzar el descenso
Los deportes de invierno y la piel.
Practicar deportes al aire libre en invierno presenta riesgos y peligros para la piel, por lo que es importante ir prevenidos con ropa cálida y protectora, además de transpirable e impermeable. Y no nos cansaremos de repetir la necesidad de utilizar filtros solares de protección muy alta o total, los cuales deben renovarse periódicamente, sobre todo en alta montaña. Para los labios también es necesario el uso de cremas protectoras especiales para dicha zona, ya sea como prevención o como tratamiento. Para proteger los ojos de la alta intensidad solar, no hay que olvidarse nunca de las gafas. Y sobre todo, ser prudentes a la exposición solar. Los días soleados y sin nubes invitan a disminuir la ropa de abrigo y a exponer partes no habituales de la piel a sus radiaciones. Estando en la alta montaña y con nieve esto es muy peligroso, pues la fuerza del sol se multiplica por la acción de los cristales de hielo.
Hay que recordar también que hay piel en determinadas partes del cuerpo protegidas, que sufren durante el esquí, como es la de las manos, los tobillos y los pies. Éstos pueden verse afectados por compresiones y rozaduras del calzado y la ropa y deben ser atendidos antes y después del ejercicio. Al acabar la jornada es conveniente una ducha de agua tibia con un gel adecuado y la aplicación posterior de una crema hidratante, sobre todo en las zonas de piel que han padecido con mayor intensidad los rigores del clima.





















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