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Belleza » fragancias

Historia del perfume (IV): Roma

En el imperio se democratizó el uso del perfume y se desarrolló la industria del envasado

Vasijas en las que los romanos introducían sus aromas.

Cuenta la leyenda que el emperador Nerón era un apasionado del perfume.

Egipto y Grecia habían conseguido convertir la industria del perfume en un negocio floreciente. Los romanos no se quedaron atrás y contribuyeron a la democratización del uso de las fragancias: todo el mundo se perfumaba. A los ciudadanos del imperio también les sedujo la idea de rodear su vida cotidiana de deliciosos aromas y de hecho fueron ellos los que hicieron del baño una costumbre pública y diaria, un punto de encuentro social cotidiano y placentero.

Los ciudadanos del imperio lo perfumaban prácticamente todo, por lo que el aroma en Roma debía ser intenso y muy característico. Se comenta que hasta algún emperador llegó a perfumar su caballo preferido, y del emperador Nerón se explica que en algunos de sus banquetes hacía caer desde el techo pétalos de flores sobre sus comensales y soltaba palomas con las alas perfumadas, para que esparcieran por la sala sus aromas.

Paralelamente nació toda la industria del envasado. Tanto griegos como romanos utilizaron cerámicas decoradas hasta que, en el siglo I a.C., apareció el cristal. De hecho, los romanos fueron los diseñadores del pomander, un envase circular de oro y plata que contenía pomadas perfumadas. Los potes de ungüentos y las jarras con aceites aromatizados se encontraban en el unctuarium de los baños públicos.

Perfume para todos
Los perfumistas eran artesanos muy respetados socialmente. Los clanes familiares transmitían los secretos de la creación aromática y su comercialización a sus descendientes. Así protegían sus creaciones, su nombre y su negocio. Y las clases populares no quedaban excluidas de la posibilidad de perfumarse: en los mercados griegos se ponía el perfume al alcance de todos los bolsillos. Pero sobre todo las clases sociales altas gustaban de acicalarse con esmero, por lo que no era extraño que un hombre poderoso contara con uno o más criados dedicados exclusivamente a administrarle los perfumes y cosméticos. Si los aplicaban incorrectamente, pronto eran reprendidos por su señor.

El perfume favorito en la antigua Roma era el crocimus, cuya fórmula contenía azafrán, mirra, alheña, junco, láudano y estoraque; y también era muy solicitado el rhodinium, un popular aroma a base de rosas.

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