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En Bois Le Roi, muy cerca de su casa de Fontainebleau, (a 50 kilómetros de París), ha disfrutado este fin de semana la familia Hannover-Gimaldi de uno de los más prestigiosos concursos hípicos de Francia


Carolina y su hijo Pierre contemplaron con atención la gran actuación de Carlota antes de que sufriera una desafortunada caída de su caballo 'Hestia Deltia'





25 NOVIEMBRE 2002
Lesión de tobillo
En breves minutos, los médicos, después de descartar que se trataba de una rotura, le diagnosticaron lesión de tobillo, le recetaron calmantes y le indicaron que era necesario, por el momento, se ayudase de dos muletas para caminar.
Carlota, joven y fuerte, y sobre todo con muy buen ánimo (como buena deportista) siguió todos los consejos y ya, con otra ropa, no quiso dejar de asistir como espectadora a las pruebas finales.
Por un lado, se trataba de la primera competición en la que, en diferentes modalidades, se enfrentaba a su madre; por otra, los organizadores del concurso, los Rozier, necesitaban de su apoyo para fortalecer la imagen de su circuito completamente renovado, así como de la competición que lleva su nombre. Además, cómo olvidar su gran amistad. Thyerry Rozier (hijo del campeón mundial Marcel Rozier) es su entrenador personal y también una de las personas de su entorno que más sabe de caballos. De hecho, fueron ellos (padre e hijo) quienes el pasado año, le aconsejaron, en el mismo lugar, Bois Le Roi, la compra de Hestia Deltia, el alazan que sustituyó al viejo Tormenta del mediodía, su primera gran caballo.

Las vidas no se repiten
Carolina y Carlota comparten belleza y donaire pero y, aunque las vidas no se repiten, también experiencias similares. Juntas y por separado, cobijadas entre los muros del palacio de los Grimaldi y, ahora de los Hannover, participan y han participado de una vida muy similar: la presentación de las dos, siendo bebés, en el balcón principal del palacio de los Grimaldi, el primer acto oficial, los juegos en los columpios, entregando regalos de Papá Noel en el principado, en el Circo, de compras y, desde hace algunos años, muy especialmente, de los circuitos hípicos en los que Carlota pasa la mitad de su vida.

Vestidas exactamente igual
Y, ahora, viéndolas juntas, vestidas exactamente igual (con la inicial M, de Mónaco, bordada en el cuello de sus camisas) no es muy difícil llegar a la conclusión de que ha sido la princesa Carolina la que ha metido en la sangre de Carlota esa inmensa pasión por la hípica y su capacidad de sacrificio para convertirse un día en una amazona de prestigio internacional. Por un lado, quizá, porque se sentirá tremendamente orgullosa de lo que pueda conseguir sobre los lomos de un animal tan noble; por otro porque, en los círculos hípicos está a salvo de ese mundo del que Carolina sabe tanto ( las noches de París) y en el que pretende, a toda costa, que Carlota no caiga, tal y como le sucedió a ella.

No es un capricho
A estas alturas podría decirse por lo tanto, que la hípica no es sólo una afición Para Carlota... Ni un pasatiempo de jovencita que tiene a su disposición la maravillosa cuadra de caballos de su padrastro, o la total aprobación de su madre, la princesa Carolina, que sigue siendo, de toda la familia, a excepción de su hija, claro, la más apasionada de las amazonas. No, la princesa amazona entrena, cada día, durante horas y tiene intención de convertirse, con el tiempo, en una de las mejores amazonas del mundo.

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