24 AGOSTO 2002
El príncipe Carlos no tiene ningún problema económico y disfruta de una vida realmente desahogada, pero tampoco podría decirse que sea una persona derrochadora. Es verdad que ha reconocido que de los 6,22 millones de euros que recibe del ducado de Cornualles le queda muy poco a final de año, pero eso no significa que viva la existencia de un playboy. Ni que no se preocupe por sacar rendimiento a sus fincas y negocios. Especialmente, de los de la compañía Duchy Originals. La empresa que genera ingresos para obras benéficas a través de productos orgánicos como galletas salchichas y leche de Highgrove.
Ni yate, ni avión, ni deportivos
No posee un yate propio, ni un avión privado, no conduce deportivos –conserva todavía un Aston que le regaló su madre hace 30 años- y raras veces se permite unas vacaciones pagadas de su bolsillo. En verano, suele aceptar la invitación de su íntimo amigo John Latsis, un multimillonario griego residente en Londres, para hospedarse en el palacio flotante “Alexander”; y, en otros períodos de vacaciones, el príncipe se refugia en los palacios de la Reina, (Sandringham y Balmoral), aunque, todo hay que decirlo, no se aprovecha nunca de la hospitalidad de su madre. Se lleva a su servicio personal - o utiliza un catering externo que, como ha descubierto, sale más barato- y paga de su bolsillo las flores y las velas.
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