En la imagen, la princesa Margarita sostiene un cojín bordado con la siguiente leyenda: "No es fácil ser Princesa"

Margarita con sus padres, el rey Jorge VI y la reina Elizabeth, y su hermana, Isabel, en una foto de su infancia

 

“No es fácil ser Princesa” sostenía Margarita de Inglaterra. Llevaba razón. Para ella no hubo en toda su vida –ha muerto de pronto, inesperadamente mientras dormía, a los 71 años-, otro trono que el de su propia y aparente libertad e independencia, y en los últimos años, esa silla de ruedas en la que, como una sombra dolorosa de la que fue, aparecía en algún acto oficial.

Margarita fue siempre, o casi siempre, un espíritu libre. Echando por delante su corazón, aunque al final no tuvo más remedio que resignarse a lo que la Casa ordenaba. “La princesa Margarita tenía alma de artista. Era muy buena bailarina y cantaba como un ángel. Ha sufrido y ha disfrutado mucho a la vez en su vida... porque tal vez a ella le habría encantado representar un papel distinto del que la Historia de mi país le asignó en su día”, dijo sobre ella, en una ocasión, lady Margot Fonteyn.

Así era. Margarita, la hermana de la Reina de Inglaterra, era toda una romántica. Por eso se enamoró de Peter Townsend, el héroe de las alas de acero de la aviación inglesa, que amaba los caballos y las mujeres y del que, al final, tuvo que arrancarse. Su romance conmovió al mundo. Porque ella escuchó la voz de su hermana por encima de la de su corazón. Tras dos años de amor, Towsend fue enviado en misión diplomática a Bruselas, donde conoció a una dama belga que le alejó de su princesa. Sólo entonces, Margarita dijo adiós a su soldado.

La princesa Margarita, nacida para amar y ser amada, se volvió a enamorar. Esta vez, de un fotógrafo de la Corte, Anthony Armstrong Jones, que, en octubre de 1959, se convirtió en su marido. Pero su historia de amor con Jones acabó también en naufragio, aunque le dejó dos hijos, y con ellos estaba cuando murió hace unos días en el hospital del Rey Eduardo VII, seis y media de la mañana, a causa de un derrame cerebral. Entonces, la Princesa más triste dejó de sufrir para siempre. Porque aunque parecía que en todo momento hizo lo que quiso hacer, jamás pudo conseguir lo que deseaba. A ella, más que a ninguna otra de sangre real, no le ha sido fácil ser Princesa.

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